Para poder sobrevivir a los tiempos que se avecinan, es imperativo entrar en el concepto de la manifesta­ción del pensamiento o de la super-consciencia. La super-consciencia no es más que una palabra para vosotros en estos momentos. Es un concepto que aún no habéis asimilado porque no podéis concebir estar tan sintonizados y colmados de tanta información. Sin embargo, al evolucionar, vais en esa dirección. Hay quienes son muy conscientes de que este movimiento de la consciencia podría empezar a barrer al planeta y no quieren que esto ocurra. Esto ya ha ocurrido. He­mos regresado al pasado para aseguraros esto.

Primero existe el pensamiento. La experiencia es siem­pre secundaria. Nunca es al revés, no se experimenta y después se basa el pensamiento en ello. La experiencia es siempre un reflejo de lo que piensas.

La claridad y el reconocimiento de tu propio poder son el punto de partida. Tus pensamientos forman tu mundo todo el tiempo. No a veces, siempre. Fluctúas porque estás bombardeado por muchas vibraciones de control de frecuencias que intentan impedir que veas claro. Como especie, tienes que tener el firme propó­sito de permanecer en la claridad, centrado y de estar siempre en el presente. Deja de vivir en el futuro o en el pasado, vive siempre en el ahora. Di para tus adentros: «¿Qué quiero? Quiero acelerar mi evolución personal. Quiero que el Espíritu me asista en mayor medida. Deseo que mi cuerpo se regenere. Quiero emanar salud. Estoy dispuesto a dejar las dificultades para poder ser un ejemplo viviente de lo que el ser humano puede llegar a ser». Es esta línea de pensa­miento lo que quieres con claridad, este ordenar desde tu yo, lo que hace que todo se acelere.

Vigila tus pautas. Si te das cuenta que estás negan­do que tú has creado una parte de tu experiencia, y que no quieres ser dueño de tu creación, limítate a observarlo. Di: «¿No es interesante? Lo hago todo el tiempo: no quiero ser dueño de lo que estoy creando. Si no me gusta, le echo la culpa a otro. Déjame ver durante cuánto tiempo lo hago y permíteme encontrar una solución para desarrollar una pauta de comporta­miento diferente».

No te juzgues a ti mismo. Empieza por decirte: «Aceptaré la responsabilidad por todo aquello en lo que participe. Aceptaré la responsabilidad por todo lo que me suceda. Si no me gusta lo que me está pasando, empezaré a preguntarme por qué genero co­sas que no me gustan. Quizá lo hago para centrar mi atención en algo y poder cambiar aquello que real­mente no me funciona y que no soy capaz de ver».

Actúa siempre como si hubiera un propósito impecable en todo lo que hagas. Actúa como si tu mayor bien y tu mayor oportunidad implicaran el hecho de trabajar en todos los acontecimientos en los que parti­cipes. Actúa siempre así. Si estás caminando por la calle y alguien te dice: «Te estoy apuntando con una pistola; dame tu cartera», actúa como si se te estuvie­se otorgando una oportunidad para tu mayor creci­miento. Nunca se sabe cuáles serán los resultados cuan­do actúas de esta forma. Cuando te comportas como si, actúas sin saber y sin expectativas. Ésta es una actitud. Si todos pudierais tener esta actitud y os com­portarais como si todo acontecimiento estuviera dise­ñado para hacerte avanzar en tu crecimiento y tu consciencia, entonces podrías girarte y darte cuenta de que la persona que te está apuntando con la pistola es tu equivalente, o una parte de ti mismo. Podrías ser ca­paz de sanar algo; se te podría estar dando la oportuni­dad de hacer algo que te da miedo.

No tengas miedo de lo que has creado. Confía en aquello que creas. Confía en que siempre hay en ello algo para ti. No escondas tus dramas debajo de la al­fombra como si fuesen unas cosas viejas y horribles y como si no quisieras volver a verlas. Acaba con esos dramas; deja de dar vueltas alrededor de ellos y deja de estar perdido en ellos. Sin embargo, comprende que el drama que has tenido con tu madre, con tu hermano, con tu hermana o con tu amante, es algo que puedes utilizar veinte años más tarde para llegar a darte cuenta de algo completamente nuevo. De mane­ra que permite que estos dramas sean como un archi­vo para ti. Acábalos, resuélvelos lo mejor que puedas, crea paz, acepta tu parte en ellos, y luego déjalos ir atrás en tu consciencia para que te enseñen algo. Deja que sean tesoros de tu experiencia más que obstáculos que quieres pasar por encima. Las emociones están conectadas con todo esto y, recuerda, las emociones te pueden llevar a otras esferas de actividad.

¿Crees que sólo puedes crear tu realidad en ciertas áreas y que sobre otras no tienes poder? ¿Argumentas que no tienes control sobre algunas áreas de tu vida? ¿Renuncias a aquello que te pertenece por naturaleza porque la sociedad te dice que no puedes tenerlo? Descubrirás que los acontecimientos no aparecen de la nada. Algunos de vosotros suponéis que creáis vues­tra realidad pero que los demás no crean la suya, en especial los bebés a los que les sucede todo tipo de cosas o a los niños de los que se abusa. Os resulta difícil comprender que los niños que parecen indefen­sos, o las personas que se mueren de hambre, también crean su propia realidad. Siempre que caes en la men­talidad de víctima, transmites la idea de que las perso­nas no tienen poder y haces que esa probabilidad se aplique para ti también. Tienes que aprender a honrar los dramas y las lecciones de otras personas. Date cuenta que el periódico no te va a contar el potencial para el cambio que existe en aquellos implicados en una situación particular, porque los diarios no recogen esa información ni la cubren de ese modo. No com­prendéis las sincronicidades subyacentes de los acon­tecimientos: los medios de comunicación sólo expo­nen los llamados «hechos» externos e ignoran el rico cauce de trascendencia emocional que acompaña a los dramas y a las lecciones humanas.

Aquellos que están implicados en dramas en los que parece que hay alguien que es la víctima suelen estar tan desconectados de sus sentimientos, que no existe una conexión entre lo que sienten y lo que piensan. Las víctimas encuentran víctimas. Los vencedores encuen­tran vencedores. Por eso, por favor, con respecto a cual­quier acontecimiento de los periódicos o drama del mun­do en el que parezca que las personas son víctimas y sin esperanzas, hónralos y hónrate a ti mismo al reconocer que ellos han creado su propia realidad. Puede ser que no tengas nada que aprender de esa realidad, ni que sea una realidad en la que sientas la necesidad de participar. Debes comprender que hay quienes deben atravesar la densidad para llegar a la luz. A veces la más grande iluminación reside en las más grandes catástrofes y en las mayores dificultades.

Cuando entras en un restaurante y pides lo que quieres, el chef lo prepara y los camareros te lo traen. Lo pides; sin embargo, tú no lo haces. De alguna manera, los cocineros o la energía espiritual lo hacen pero, sin embargo, tú lo has escogido para que te sea dado. No te será dado a menos que entres en el restau­rante y lo pidas. De manera que eres responsable por ello y lo pagas.

La vida es igual; la vida es como un restaurante. Aprende a pedir lo que quieres de la vida como lo haces en el restaurante y luego confía en que, porque lo has pedido, te será dado. Cuando vas a un restaurante no te preocupas por cada plato ni te preguntas si te lo mereces o no. Bueno, a veces sí. A veces dices: «Bueno, no me merezco tomar eso. Cuesta quince dólares. Tomaré algo que cueste siete dólares o menos».

Tu forma de comportarte en los restaurantes es un magnífico indicativo de tu manera de comportarte en la vida. Es una excelente enseñanza para comprender. Cuando vas a un restaurante, ¿pides lo que quieres diciendo: «Esto es lo que quiero» y confías en que te lo traerán, o te preocupas pensando que se estropeará? Una vez has pedido, ¿sigues al camarero hasta la coci­na y le dices: «Oh, seguramente no tendrán la lechuga que me gusta. Probablemente no frían la cebollas bien y no tendrán el tipo de setas que a mí me gustan»? No. Confías en que te lo traerán exactamente como lo has pedido y te olvidas del tema. Cuando te lo traen, dices: «Gracias». Si no está exactamente como tú que­rías, pides lo que hace falta y continúas.

Mira la divina serenidad que tienes cuando pides algo en un restaurante. Es así como se debe pedir en la vida. Ten claro lo que quieres, pídelo, y acaba con ello. No estés constantemente llamando al Espíritu para ver si ha recibido tu pedido ni para decirle cómo debe llevarlo a cabo. Lo has pedido. Confía en que llegará.

Eres el resultado de tus pensamientos. Aunque no aprendas nada más en este planeta, aprenderás que ésta es la regla en esta realidad, y la regla de muchas otras realidades. El pensamiento crea Hazte un regalo y empieza a considerarte un ser con una capacidad excepcional, magnífica, inspiradora; te­néis que liberaros de la necesidad de tener la acepta­ción de toda la sociedad. Valoraos. Esto es muy difícil para alguno de vosotros. ¿Cómo valorarte cuando no tienes la costumbre de hacerlo?

Tus palabras te dan o te quitan poder. Queremos que tengas el coraje de vivir tu luz, de manera que queremos poner énfasis en ello, y convencerte de todas las formas posibles, que tus pensamientos crean tu mundo. Elimina las palabras debería e intentar de tu vocabulario. Si tu­vieras que pagar cada vez que pronuncias estas palabras, tendrías una enorme deuda. Tenéis una enorme deuda de falta de poder o impotencia. Debería implica que estás operando bajo el mandato de otro. Nos gustaría recordar­te que tú mandas sobre ti.

Si alguien está intentando sacar un informe o está intentando cambiar sus pautas, puede seguir intentán­dolo por el resto de sus días. Intentar no es lo mismo que hacer. Siempre que utilices la palabra intentar, no conseguirás nada porque intentar no es más que una excusa. «Intenté hacerlo. Lo intenté. Lo intenté.» En tu propia vida, utiliza las palabras «estoy creando», «estoy haciendo», «estoy manifestando», «tengo el propósito» y «estoy produciendo». Olvídate de «estoy intentando».

Cuando te conviertes en un hacedor y eres capaz de manifestar lo que quieres en la vida, te conviertes en un espejo para mucha gente. Existe la creencia de que hay una cantidad limitada de todo y que sólo una persona u otra puede ser un hacedor o alguien que manifieste. Cuando empiezas a demostrar que puedes torcer las leyes de la realidad, algunas personas se sienten disgustadas porque creen que tienes algo que ellos quieren y que no pueden tener, a menos que tú no lo tengas. Si te colocas por detrás de otros y tienes miedo de tener algo que los demás no tienen porque crees que no hay suficiente, es porque no comprendes que al permitir que los principios divinos trabajen en tu cuerpo y se anclen en el planeta, te estás convirtien­do en un ejemplo viviente de la luz. Permites que el propósito subyacente de la luz se mueva a través de tu vehículo y te conviertes en un ejemplo viviente de lo que los demás pueden llegar a hacer. Ésta es la eleva­da vibración que nos proponemos enseñaros a todos vosotros. Queremos que comprendáis que no hay nin­guna limitación.

No existe ninguna limitación en todo el planeta.

Todas las personas del planeta pueden operar en co­operación y en una unicidad del ser. No importa cuá­les sean los dones del espíritu o de la materialidad que aparezcan en tu camino, no pienses que tienes más suerte que los demás. Comprende que eres capaz de hacer que los principios divinos actúen en tu cuerpo físico y que puedes enseñar a los demás cómo hacer­lo. Puedes decir: «Escucha, esto funciona. He sido capaz de hacerlo. Tú también puedes hacerlo».

Pasamos horas enseñando a la gente a no tener miedo de manifestar. Todos vosotros estáis asustados porque crecisteis con una ética que dice: «Las cosas sólo tienen valor si trabajas para conseguirlas. Si no trabajas duro, no consigues nada». Es imperativo que observéis este concepto del esfuerzo y veáis de dónde proviene. Observa a tus padres y el sistema de creen­cias que han tenido. Estamos hablando de una nueva consciencia que representa a la nueva especie humana que aprende a hacer las cosas sin esfuerzo.

Si no estás haciendo algo sin esfuerzo, entonces olvídalo. Si encuentras que es demasiado trabajo, algo te está indicando que ése no es el camino. Sólo cuan­do algo llega sin esfuerzo y sencillamente encaja, sin que nadie tenga que hacer demasiado, entonces está bien. Si todos empezáis a vivir de esta manera, cam­biaréis por completo la forma en que la especie encara la vida conscientemente. No se trata de irresponsabili­dad ni de rajarse; es una nueva manera de llevar ladri­llos de un sitio a otro.

Una vez hablamos de una gran pila de ladrillos con un grupo de gente y les preguntamos: «¿Cómo transpor­táis los ladrillos?» Nos dijeron: «Bueno, los levantamos uno por uno». Entonces dijimos: «¿A nadie se le ha ocurrido contratar a otra persona para que lo haga?»

Si tu tarea consiste en mover ladrillos de aquí para allá, ¿cómo lo harás? Quizá respondas: «Bueno, los lle­varé yo. Yo los levantaré». No obstante, podrías llamar a alguien y decirle: «Lleva estos ladrillos por mí». Si lo haces, también estás realizando tu tarea. Estás haciendo lo que debe hacerse. ¿Crees que te castigaremos si ni lo haces tú mismo? No. Estás haciendo que el trabajo se lleve a cabo. ¿Ves la diferencia?

El dinero parece ser un problema para todo el mun­do. Todos tenéis creencias muy definidas sobre la forma en que el dinero llega a vosotros. Cuanto más pienses que tienes que trabajar duro para conseguir dinero, más duro tendrás que trabajar. Muchos de vo­sotros estáis convencidos de que lo normal es trabajar mucho por el dinero y que si no lo haces entonces el dinero es «sucio». Permitid que os instemos a recor­dar las palabras sin esfuerzo y a incorporarlas a vues­tro vocabulario. Di: «Tengo el propósito de realizar esto sin esfuerzo». No esforzarse es ordenar que ja realidad llegue a ti de una manera en que haga posible que la energía sea utilizada en otros experimentos.

Recuerda, tu realidad es el resultado de tus pen­samientos. Si crees que las cosas son difíciles, ¿qué es lo que estás creando? Muchos de vosotros os ha­béis pasado muchas vidas honrando y respetando a miembros de vuestra familia o a personas de la so­ciedad que creéis que son ciudadanos especiales, que representan para vosotros una cierta ética de trabajo y un sistema de valores. No os habéis planteado cues­tionar esta ética de trabajo o ver si existe otro cami­no. Por eso pensáis que para conseguir dinero es ne­cesario gastar una gran cantidad de energía, o que debes trabajar para alguien que te lo dé, o lo que fuere. Estas ideas son completa y totalmente erró­neas. No podemos enfatizarlo lo suficiente. Cuando lo permitas, el Espíritu te compensará en una varie­dad inesperada de formas. La única razón por la que esto no ha sucedido aún es, sencillamente, porque no lo has creído posible. Cuando consideres en profun­didad que las cosas son posibles, la realidad cambia.

Estado mental es el nombre del juego. No pode­mos enfatizar esto lo suficiente: la manera en que sientes la realidad y cómo la programas constituye la forma en que vas a responder a ella o cómo se va a presentar ésta ante ti. Es por eso que decimos: «¡A por ello! ¡Sé escandaloso! ¡Haz lo que te gusta! ¡Haz lo imposible!» Puedes hacerlo. Puedes hacer cualquier cosa que quieras hacer. Transformarás tu mundo, no importa en qué estado se encuentre.

Recuerda, cuando aprendes las reglas del juego (que eres el resultado de lo que piensas y que ésta es una ley del universo) todo lo que necesitas hacer es pensar cómo quieres ser, y así serás. Una vez has comprendido esto, puedes diseñar tu cuerpo, puedes diseñar tu edad y puedes arreglar todo lo referente a ti mismo, porque estarás auto-motivado, inspirado en ti mismo y te harás a ti mismo.

 

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